Bueno, en menos de dos semanas estaremos oficialmente en Navidad, pero gracias a la publicidad, todo el mes de diciembre se convierte en el peor periodo del año para nuestra alimentación. Porque…’total, ya me pondré en enero a dieta, que la vida son dos días y hay que disfrutar’, y sí, abogo por los placeres de la vida como prioridad en la escala de valores, pero por favor, con cabeza señores. Siempre me he considerado una nutricionista bastante benévola y comprensiva a la hora de que alguien se salte la dieta en un día especial, porque sí, los DN somos humanos y muchos de nosotros disfrutamos comiendo dulces o alimentos grasos.

Photo Credit: Alejandra Fajardo via Compfight cc

Photo Credit: Alejandra Fajardo via Compfight cc

A lo que voy, es que no nos tenemos que cuidar o hacer nuestra alimentación más restrictiva dos veces al año (operación bikini y vamos a desintoxicarnos de la Navidad), no, hay que mantener un estilo de vida sano y equilibrado durante los doce meses del año. Conseguir hábitos saludables y no propósitos que duran hasta la siguiente fecha o empacho. Y cuando hablo de ‘estilo de vida’ por supuesto, incluyo la actividad física. Sí, sí…esa que se hace sólo durante el mes de enero para quemar el turrón pero que muy pocas veces se consigue prolongar en el tiempo e interiorizar como una obligación diaria.

Entiendo que seguir estas pautas se hace complicado y puede que sea costoso instaurar los buenos hábitos, pero al igual que uno se cepilla los dientes a diario y de manera natural-obligatoria, comer sano debería de ser igual. Tener en nuestra mente el pensamiento súper interiorizado de ‘ si me alimento mal ahora, lo pagaré el día de mañana’.
No estoy intentando aguar las fiestas navideñas, ni las cenas de empresa, ni las reuniones con amigos, lo que quiero explicar es que si mantuviéramos durante todo el año un estilo de vida sano, las navidades no serían tan insanas. Porque inconscientemente no permitiríamos tirar el mes de diciembre por la borda, seguiríamos yendo al gimnasio o realizando nuestra actividad física preferida, de forma natural. No pensaríamos ‘ bueno ya en enero me pongo a dieta’, porque nuestro organismo es muy sabio y está preparado para soportar toda clase de excesos y aberraciones nutricionales y calóricas, pero a largo plazo nos lo cobra con intereses y a un precio bastante caro, en forma de obesidad, diabetes, colesterol alto…
Sí es verdad que la publicidad tiene bastante importancia a la hora de consumir todo este tipo de bombas calóricas invernales, lo perfecto e ideal sería no consumirlas, y tomar fruta en el postre de Nochebuena y desayunar cereales integrales la mañana de Reyes en lugar del roscón relleno de nata. Pero como no me considero una profesional cínica, se puede consumir, siempre con cabeza y sin olvidarnos de que el día siguiente es un día sano, normal y corriente en nuestras vidas, con nuestras cinco comidas, 8 vasos de agua y actividad física correspondiente. Y como no, retrasar lo máximo la compra de estas super calorías gratuitas.

¡A disfrutar de la Navidad!

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: