La disfagia se conoce como la sensación de dificultad al tragar o deglutir los alimentos, que además puede causar dolor en las personas que la padecen. Es desconocida por gran parte de la población y a veces puede ser ignorada por ser propia y “normal” en las personas de edad avanzada. Incluso en ocasiones puede acompañarse por una alteración en la salivación o un déficit de capacidad de masticación.

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Este síntoma está causado en su gran mayoría de veces por otras enfermedades de base que lo desencadenan. Las patologías o enfermedades más comunes que la causan son de tipo neurológico (ictus, parálisis facial, alzhemier, parkinson, esclerosis múltiple etc.), muscular o fisiológico (cambios en la salivación, dentadura postiza mal adaptada, reducción de la capacidad de coordinación lingual, etc.) o también debido a una lesión o alteración en el esófago (obstrucción, infección cáncer de esófago, etc.).

Por ello, es más habitual que aparezca en personas ancianas y a menudo afecta de un modo negativo sobre su salud emocional y sus relaciones sociales. El rechazo a comer o a comer en público por miedo a atragantarse es uno de los factores que aumenta el riesgo de padecer malnutrición en este colectivo, ya de por sí más vulnerable.

¿Cuáles son sus consecuencias?

  • Desnutrición y deshidratación: si la persona deja de comer por miedo a atragantarse, es más fácil que aparezca la situación de malnutrición o desnutrición, que irá acompañada de cansancio, pérdida de masa muscular, debilidad, peor respuesta a los tratamientos, etc.
  • Complicaciones pulmonares: la asfixia o atragantamiento debido al paso de parte del alimento hacia las vías respiratorias puede desencadenar patologías graves como la neumonía, infección pulmonar e incluso la muerte por obstrucción respiratoria.

¿Cómo funciona el acto de la deglución?

La deglución consta de tres etapas o fases diferenciadas (cualquiera de las tres que pueda estar alterada, podrá provocar disfagia):

  1. Fase oral: es la que engloba la fase masticación y la fase transportadora del bolo alimentario hacia la parte posterior de la cavidad oral, donde se inicia el reflejo de la deglución. Es de tipo voluntario.
  1. Fase faríngea: es la que se inicia cuando comienza el reflejo de la deglución. El paladar se desplaza ligeramente para prevenir la entrada del alimento por el conducto respiratorio y la laringe se eleva para facilitar que entre así por el esófago.
  1. Fase esofágica: en esta fase el bolo alimentario va descendiendo progresivamente por nuestro esófago hasta llegar al estómago. Es de tipo involuntaria.

¿Cómo nos damos cuenta los demás? Algunos de los síntomas de alerta que debemos tener en cuenta en las personas que sufren disfagia son la presencia de tos durante la ingesta de líquidos o sólidos, los cambios en la voz después de comer, la dificultad respiratoria tras las comidas, mantenimiento del contenido masticado mucho tiempo en la boca, regurgitación de parte del alimento, infecciones respiratorias frecuentes o síntomas de cianosis (falta de oxígeno).

¿Y cómo podemos tratarla para mejorar la calidad de vida de la persona que la sufre?

Su tratamiento normalmente requiere un enfoque multidisciplinar (enfermero, médico, nutricionista, psiquiatra, etc.) y en este caso la intervención nutricional resulta indispensable.

Desde el enfoque nutricional, el objetivo para estas personas es el de conseguir que alcancen y mantengan un estado nutricional y de hidratación óptimo. Este se consigue mediante la adaptación de la textura y la consistencia de los alimentos y bebidas según la tolerancia de cada persona y la modificación de los cambios posturales (incorporación de la persona para comer, correcta posición de cabeza y cuello, postura cómoda, colocación correcta de prótesis dental, etc.).

En función de la tolerancia a la deglución y del tipo de fase que se vea afectada, la dieta podrá ser totalmente líquida, semi-líquida, pastosa, pastosa con tolerancia a sólidos blandos, etc. Pero como regla general, se aconseja que las comidas sean siempre de pequeño volumen pero muy frecuentes.

Existen muchas combinaciones y técnicas de cocina que nos van a permitir añadir valor nutritivo a nuestros platos sin tener que aumentar mucho su volumen. Así pues, enriqueceremos los alimentos y platos con otros alimentos para asegurar que con la pequeña cantidad administrada se cubren todas las necesidades.

¿Cómo podemos enriquecer nuestros platos de forma casera?

Algunas cuestiones técnicas. No es aconsejable mezclar texturas en una misma receta, por ejemplo una crema de calabacín con picatostes, porque será más difícil para la persona poder manipularlos en la boca y tragarlos de forma conjunta sin atragantarse. Tampoco serán aconsejados esos alimentos que puedan romperse en pequeños trocitos en la boca, que tengan textura gomosa o que sean muy secos.

Ahora sí, ahí van algunos consejos prácticas y sencillos para enriquecer nuestros platos:

5 consejos para enriquecer nuestros platos en proteínas:

  • Añadir queso rallado o en polvo
  • Añadir clara de huevo
  • Añadir leche en polvo desnatada
  • Añadir legumbre en los platos (triturada, en crema…)
  • Añadir carne triturada a las cremas o purés

5 consejos para enriquecer nuestros platos en grasas:

  • Añadir aceite de oliva
  • Añadir mantequilla o margarina
  • Añadir nata o crema de leche
  • Añadir cremas de cacao y avellana caseras, mantequilla de cacahuete
  • Añadir yema de huevo

5 consejos para enriquecer nuestros platos en hidratos de carbono:

  • Añadir azúcar
  • Añadir miel
  • Añadir harina o maicena
  • Añadir pan rallado
  • Añadir sémola de arroz, de maíz o de tapioca

Existen otras estrategias que giran en torno a la alimentación que también pueden ser muy útiles. Hablo de la estimulación del apetito a través de la presentación de los platos, la creatividad culinaria, el ambiente y relaciones sociales durante las comidas y la percepción de la sensación de comprensión y seguridad recibida por parte de familiares y/o cuidadores.

Para finalizar, me gustaría destacar la importancia de la fragilidad emocional que, en muchos casos, puede verse desencadenada por este tipo de alteraciones. Las personas mayores pueden acabar apáticas, desmotivadas e incluso deprimidas por no poder seguir alimentándose de forma normal sin miedo a la asfixia.

Por eso, reitero la importancia de tratar estos casos a nivel multidisciplinar, en los que la atención humana y personalizada para cada persona es un factor indispensable.

Bibliografía utilizada:

Gil Hernández, A., Martínez de Victoria Muñoz. E. (CD-ROM). Tratado de Nutrición. Editorial Acción Médica, colabora la Sociedad Española de Nutrición Parenteral y Enteral.

Salas-Salvadó, J., Bonada, A., Trallero, R., Saló, M.E. (edición 2000). Nutrición y dietética clínica. Editorial Masson (Elservier).

Muñoz, M., Aranceta J., Garcia-Jalón, I. (edición 2004). Nutrición aplicada y Dietoterapia. Editorial Eunsa.

Varios autores. Manual de recomendaciones nutricionales en pacientes geriátricos. Novartis 2004.

Photo Credit: alberto rincon garcia via Compfight cc

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