Hace unas semanas te contábamos en el Blog la idea de ir desgranando poco a poco muchos de los factores que afectan al sobrepeso y la obesidad. Hoy voy a hablaros un poquito del ambiente obesogénico en el que vivimos. Sólo voy a poner un ejemplo en una ciudad, además quiero ayudarte dándote unas recomendaciones para que te ayude a no sucumbir a tales tentaciones.

ambiente obesogénico

El lugar obesogénico

La ciudad de la que voy a hablar no es ficticia, es una ciudad en la que no vivo, pero a la que voy a trabajar casi todos los días.

Cuando en la reunión de equipo para proponer ideas se habló de los factores que afectan al sobrepeso y la obesidad, me vino inmediatamente una pequeña parte del ambiente obesogénico en el que vivimos. Me vino a la mente el cabreo que me entra cada vez que voy a la consulta o a alguna reunión y lo que me encuentro en el trayecto desde la parada del tranvía hasta el lugar de trabajo.

¿Sabes lo que más me encuentro?

Pues son panaderías, confiterías, pastelerías,…incluso bares a 1€ la caña ¡por favor! De todas las panaderías y demás sale un olorcillo que te abre el apetito ¿o es más bien la gula? Si encima encontramos en el escaparate precios y ofertas como los que aparecen en las fotos de 3 por 1€, apaga y vámonos.

¿Quién puede dejar pasar semejante tentación?  Hasta me entran ganas de entrar en ese bar a tomarme una fresquita o comprar esa bollería recién hecha y calentita independientemente de la hora a la que vea el anuncio.

Creo que en estos sitios saben muy bien como captar clientes, pienso a veces que yo no lo hago tan bien y esto es lo que debo cambiar.

Déjame decirte, aunque lo hayas leído y escuchado 100 millones de veces, que estos productos son totalmente prescindibles, no son alimentos que necesitamos día a día. Al contrario de otros que tienen mejores nutrientes, mejor calidad y no tienen buena fama en las dietas de adelgazamiento como algunas frutas y verduras, las legumbres o los frutos secos.

¿Qué puedo hacer para no caer a la tentación?

La verdad es que me pongo a pensar y aunque suene muy duro es difícil no caer en comprar este tipo de productos, hay que tener una fuerza de voluntad increíble y muy claras las preferencias.

Si la preferencia es tu salud, entonces lo tienes fácil.

Aun así puedo darte unos cuantos consejos para evitarlo:

  • Identificar donde se encuentran esas tiendas y elegir otro camino para no encontrártelas. Puedo decirte que hay ciertas ciudades que es muy difícil esta tarea, así que si no te va bien puede seguir leyendo.
  • Llevar en el bolso algún producto saludable para el momento en que te entre apetito como frutas o frutos secos.
  • Tener identificadas las fruterías que puedes encontrar por el camino y pasar por ellas.
  • Poner el “piloto automático”. Me explico. Ayer fui a dar unos talleres a un instituto de alimentación saludable. Se me olvidó llevarme fruta para media mañana (también el agua, pero esa es fácil de encontrar en una máquina expendedora de la parada del tram), así que iba pensando en ir a la frutería que hace poco encontré cerca de ese instituto. También pensé que tendría que dar un pequeño rodeo y de repente, no sé cómo, estaba casi cerca de la frutería pero no tanto del instituto. Aun así, es una cosa que no me gusta mucho recomendar, porque cuando vamos con el “modo on del piloto automático” pueden pasar cosas de las que ni te das cuenta.
  • Pararte a pensar si realmente tienes apetito y si lo tienes, si de verdad necesitas ese producto para saciarlo o es otra cosa. Posiblemente dirás que sí, que eso te va a saciar, aunque sabes que te saciará por un momento y volverás a querer más. Hazle caso a tu conciencia y di que no te hace falta y que otro producto seguro que tendrá los nutrientes que necesitas para mantener tus funciones vitales.

Cambio

Aunque me enfado, como te he comentado antes, en el trayecto al trabajo o a casa, siempre encuentro esa florecilla que va brotando de la tierra seca, esas hierbas que crecen entre el asfalto. Por ello, siempre podemos ver que cada vez hay más fruterías, más locales de comidas donde te venden fruta troceada, lugares donde encontrar alimentos que realmente beneficien tu salud y tu bolsillo.

Quiero creer que al leer esto reflexionarás y que mañana cuando vayas al trabajo cruces la calle cuando empieces a oler el aroma de la bollería recién horneada, quiero creer que pensarás “hoy no, mañana”, quiero creer que si estás pensando en montar un pequeño negocio sea para mejorar la salud de tu entorno (no para empeorarla).

2 Comentarios

  • Pilar Publicado 17/02/2016 21:46

    Pues fíjate que precisamente hoy he sido víctima de esto que comentas. Siempre suelo traerme fruta al trabajo pero hoy, por un imprevisto, se me ha olvidado y también he tenido que comer en media hora de camino al curro. El caso es que desde la academia de inglés en la que estudio a mi trabajo, siendo pleno pleno centro de Zaragoza y la zona más comercial de la ciudad, no he tenido la alternativa de poder ir a una frutería a comprar algo para salir del paso. Tampoco un establecimiento (cafetería, colmadito o lo que sea) donde poder apañarme con algo más o menos sano para almorzar. Eso sí, cafeterías, comida rápida, tiendas de “chuches”, etc, unas cuantas. He tenido que apañarme con un bocata de jamón, es lo más sabroso y medio sano que he tenido a mano.

    Digno de comentar también lo que las máquinas de vending de la oficina nos ofrece. Todo es basura anti-nutritiva: galletas, patatas, risketos, bollitos industriales, etc. De los 50 apartados sólo uno es fruta (unas bolsitas de manzana) y, curiosamente, es lo primero que se termina, se cotiza, como no podría ser de otra manera.

    El cambio en los hábitos debería ser transversal e integral a toda la sociedad: familias, escuelas pero también instituciones, comercios, etc. ¿Podrá conseguirse?

    • Gemma Tendero Publicado 02/03/2016 08:25

      Hola Pilar, me apena leer que en el centro de Zaragoza no hay ninguna frutería y sí que hay mogollón de alimentos superfluos y llenitos de calorías.
      La verdad es que estoy podría conseguirse si se legislara correctamente para que ello ocurriera. El problema parece ser que nadie le tose a la industria alimentaria no vaya a ser que se cabree.
      Otra manera de hacerlo es tener mucha fuerza de voluntad y no caer en sus “redes”, no consumir esos productos, pero para que haga mella tendríamos que hacerlo todos y se que hay gente que no puede o no quiere hacerlo.

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