Para estas fechas ya toca recoger los manteles navideños y guardar las bolas del árbol para el año que viene. ¡Y es que todo pasa muy rápido! Y aunque afortunadamente las grandes comilonas, los turrones, el vino y el cava vuelvan a meterse en el baúl a la espera de su próxima aparición, hay cosas que no deberían pasar al olvido tan rápido.

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Y es que la lista de nuevos propósitos suele desvanecerse progresivamente hasta desaparecer. Esa ilusión y positivismo contagiados por el nuevo año se van marchitando y sin embargo las viejas costumbres y hábitos acaban por quedarse de nuevo con el territorio.

Dejando a un lado los típicos y tópicos deseos de “este año me apunto a un gimnasio” o “este año me saco el inglés”, quisiera que os plantearais seriamente si tenéis una relación saludable con la comida. Me refiero a vuestro día a día, vuestras rutinas, modo de comer, formas de poner la mesa o tiempo que dedicáis para alimentaros.

Estoy de acuerdo en que las condiciones laborales y familiares a veces no nos dejan demasiado tiempo para disfrutar de la comida… ¿O sí? En realidad creo que somos nosotros mismos los que gestionamos ese tiempo y establecemos nuestras prioridades en función de nuestros valores. Quizá deberíamos de darle la vuelta a la tortilla o se nos acabará quemando…

Este 2015 añade a tu lista de deseos y nuevos propósitos, mejorar un poquito tu relación con la comida.

Tómate tu tiempo para prepararla, disfruta del color y textura, mima tu comida. Prepárate tus mejores recetas como si las hicieras para un ser querido. ¿Has notado que cuando las preparas para alguien, le pones más empeño y cariño y te fijas más en los detalles?

Presta atención a tu plato unos segundos antes de comenzar. Visualiza y toma consciencia de que comer debe ser un acto consciente y agradable. A menudo comemos tan rápido y de forma tan inconsciente que si nos cambiaran el pollo por paja no notaríamos diferencia.

Haz una pausa entre bocado y bocado y mastica más tiempo. Verás que los sabores se mezclan mejor y se vuelven más agradables. La comida sabe diferente si nos tomamos tiempo para extraer sus sabores en la boca antes de tragarla. ¡Respira, no hay prisa!

Saborea cada bocado como si fuera la primera vez que lo pruebas. Reconoce los sabores y siente los aromas. Tómate unos segundos antes de volver a pinchar el tenedor y si es necesario bebe agua para enjuagarte la boca antes de continuar.

Deja los cubiertos en la mesa e intenta masticar de forma tranquila y agradable. Disfruta de los alimentos sin prisas y deja que el comer sea un acto placentero, no una tarea rutinaria. La saciedad llegará de forma natural a su debido tiempo y nuestro sistema digestivo agradecerá no tener que esforzarse en exceso.

Cambia tu chip, deja las prisas y la rutina a un lado y aprende a mimarte de forma saludable a través de tu alimentación. ¡Adelante, pruébalo! Y ya me contarás…

Photo Credit: Paco CT via Compfight cc

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