Hoy me gustaría hablaros de la otra cara de ese rico y exitoso manjar, que tiene cabida en nuestras mesas solo cuando nuestro bolsillo nos lo permite. Y es que el marisco tiene otras cualidades quizá no tan conocidas y no demasiado buenas, responsables de que los dietistas-nutricionistas aconsejemos su consumo de forma moderada.gamba_CSS

Pongámonos un poco en situación: ¿qué son los crustáceos?

Los crustáceos entran dentro de la clasificación de los artrópodos (sí sí, misma familia que las arañas) y por ahora se conocen unas 67.000 especies.

Entre los crustáceos se incluyen varios grupos de animales como las langostas, los camarones, los cangrejos, los langostinos y los percebes. En general viven en aguas saladas, aunque también los hay de agua dulce.

En este post me voy a centrar concretamente en el grupo de los decápodos (diez patas), ya que es el más grande y el de mayor importancia a nivel comercial. Dentro de este grupo, encontramos la gamba o langostino, el bogavante, cigala o langosta, las nécoras, los centollos o el buey de mar.

Una ración equivaldría a unos 130-135 gramos por persona, es decir, entre 9-10 langostinos, cigalas o gambas, o aproximadamente 1 unidad en caso de langosta, buey de mar o bogavante.

¿Cantidad ilimitada? Está claro que no, como en todo hay que poner mesura. Veamos por qué:

Razón número 1:

Muchos crustáceos son carroñeros, es decir, se alimentan de otros animales marinos muertos y de materia orgánica en descomposición y pueden almacenar sustancias no deseadas para la salud.

Razón número 2:

La gran mayoría son filtradores, es decir, filtran el agua a través de su estructura y retienen gran variedad de sustancias en su interior (actúan como filtro natural).

Esto es importante, ya que la gran mayoría de contaminantes del mar (metales pesados como el cadmio, el mercurio y otros) son retenidos en su cuerpo.

Está claro, que consumirlo de vez en cuando, no tiene porqué ser un grave problema, pero consumirlos en exceso puede conllevar a sobrepasar los niveles máximos tolerados de estos metales pesados y otros contaminantes que se acumularán en nuestro organismo causando graves problemas de toxicidad.

Razón número 3:

Algunas personas sensibles pueden padecer alergia a sus proteínas (alergia al marisco) o incluso desarrollar reacciones adversas a otros alergenos como los sulfitos que suelen contener. Por lo tanto, hay que andarse con ojo si tenemos en la familia a alguien alérgico al marisco (considerando siempre su  nivel de aceptación y sensibilidad).

Razón número 4:

Son ricos en ciertos minerales, como el potasio, el sodio y el fósforo. A primera vista puede resultar bueno, aunque con los altos niveles de sodio que consumimos actualmente en nuestra dieta, consumir en exceso este alimento podría desencadenar alteraciones cardiovasculares negativas.

Razón número 5:

Son alimentos ricos en purinas (sustancias con base nitrogenada contenidas en varios alimentos). Las purinas posteriormente se degradarán en nuestro organismo y formarán el famoso ácido úrico, cuyo exceso en sangre puede causar que se vaya acumulando en forma de pequeños cristales en nuestras articulaciones. Esta acumulación generará dolores y molestias, que acaban desencadenando en gota o artritis.

Razón número 6:

Los mariscos son también ricos en determinadas sustancias llamadas aminas biógenas, como la histamina, la tiramina o la fenietilamina, que pueden afectar directamente a aquellas personas sensibles a acumulación de dichas sustancias en sangre. Una vez se acumulan, desencadenan cefaleas, mareos y migrañas en estas personas.

Razón número 7:

Todos los pescados y mariscos pueden ser parasitados por cierto parásito llamado Anisakis simplex que muchos ya conoceréis por su extendida fama. Este parásito en forma de pequeño gusanito, se enquista en su musculatura o en sus vísceras, que después nosotros ingerimos. En caso de consumir pescado o marisco crudo, siempre se debe congelar previamente para matar a este parásito (asegurando mínimo de 24-48 horas a -20ºC).

En personas alérgicas a este parásito, sí se debe tener en cuenta que pueden desencadenar de igual forma una reacción adversa aun habiendo congelado el marisco previamente.

Tal y como hemos visto, no es oro todo lo que reluce desde luego. Como digo siempre, se debe consumir todo con mesura y sentido común. Un alimento consumido en exceso y de forma frecuente no nos generará beneficios, se trate del alimento que se trate.

Bibliografía:

Jimenez Cruz, A., Cervera Ral, P., Bacardí Gascón, M. (edición 2004). Tabla de composición de alimentos Novartis. Editorial Novartis Medical Nutrition.

Farran, A., Zamora, A., Cervera, P., Centre d’ensenyament Superior de Nutrició i Dietètica (Cesnid). Edición 2004. Tablas de composición de alimentos del Cesnid. Editorial McGraw-Hill interamericana, ediciones Universitat de Barcelona.

Gil Hernández, A., Martínez de Victoria Muñoz. E. Tratado de Nutrición. Editorial Acción Médica, colabora la Sociedad Española de Nutrición Parenteral y Enteral.

Muñoz, M., Aranceta J., Garcia-Jalón, I. (edición 2004). Nutrición aplicada y Dietoterapia. Editorial Eunsa.

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