Mamá, no quiero más dietas

La publicidad de dietas para bajar peso nos envuelve. En televisión o internet siempre salen dietas nuevas. Y la más nueva siempre parece ser mejor que la anterior. Hay tantas como imaginación le quieras poner. Sin embargo, muchos profesionales nos dicen que no debemos fiaros de ellas. Pues, a parte del gran impacto negativo que tienen sobre la salud a medio y largo plazo, modifican, sin darnos cuenta, la forma de alimentarnos, de pensar, de educar a nuestros hijos/as… Hoy nos centraremos sobretodo en este último punto.

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¿Cómo incluye el qué hagamos una dieta o el que impongamos una dieta en nuestros hijos/as?

En primer lugar, nunca se debería “poner a dieta” a un niño/a sin la supervisión de un profesional cualificado. No impongáis  a vuestros hijos una pauta dietética sin haberla revisado un/a dietista-nutricionista antes, pues pueden aparecer deficiencias nutricionales entre otras patologías. Además de provocar problemas en el crecimiento y en el desarrollo cognitivo, aversiones alimentarias, intolerancias, ansiedad…

La primera acción que deben hacer los padres o cuidadores principales de los menores es distinguir los factores asociados a un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). Y con ello me refiero a empezar a diferenciar aquellos indicios que pueden llevar a tu hijo/a a presentar un sobrepeso o una obesidad. La cual le acarreará problemas en su salud a medio y largo plazo.

Atentos a estas 2 señales que os muestro a continuación para saber cuándo debéis llevar a un/a hijo/a delante de un/a dietista-nutricionista.

  1. Observar la alimentación del menor. ¿Qué desayuna? ¿Es variada la alimentación? ¿Toma frutas y verduras a diario? ¿Toma cereales, galletas, zumos…? ¿Come legumbres? Se ha de ser consciente de la alimentación del niño/a, y en caso de no saber si es adecuada o no, consultar con un profesional cualificado.
  2. Observar el nivel de actividad física diaria. Los niños/as deben ser activos en su día a día. Caminar, correr, saltar, jugar, practicar algún deporte… Todo vale para moverse y evitar el sedentarismo.

Además de comprobar estas dos cosas y acudir al dietista-nutricionista si fuese necesario, deberíamos plantearnos cuál es nuestra actitud ante la alimentación de nuestros hijos/as.

Por ejemplo, cuando el niño está cogiendo peso muy rápido, ¿qué hacemos? ¿lo ponemos a dieta fiándonos de la publicidad, de los consejos de la vecina o de nuestro propio criterio?

¡Cuidado! Puede que estemos influyendo sobre nuestros hijos/as de manera negativa en cuanto a alimentación se refiere.  Si a un niño/a “lo tenemos a dieta” puede que desarrolle aversiones alimentarias, ansiedad por los alimentos e incluso un TCA más adelante.

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Mi consejo es no dar ningún tipo de dieta ni pauta dietética a niños/as sin la supervisión de un dietista-nutricionista, pues probablemente les hagamos más mal que bien.

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