Hoy en día todo son prisas. Levantarse rápido, desayunar cualquier cosa de camino a clase o al trabajo, sin ser conscientes de lo que ingerimos ni de con quién nos cruzamos por el pasillo. En ocasiones dan ganas de gritar ¡STOP!

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¿En qué consiste el mindful eating?

El objetivo del mindful eating es aplicar las enseñanzas del mindfulness a la nutrición, de forma que seamos conscientes de la manera en que nos alimentamos. Es algo muy importante en consulta, ya que suelen presentarse casos de sobrepeso por comer por aburrimiento, ansiedad, tristeza o sin motivo alguno,  lo que se encuentra en la despensa, ya sea una caja de galletas o las sobras del día anterior.

Esto suele deberse a que la mayoría de las personas no saben gestionar sus emociones y en consecuencia, comen en exceso e indiscriminadamente.

En este sentido, esta práctica puede ser muy útil como complemento a una dieta hipocalórica o simplemente para adquirir buenos hábitos de por vida, ya que seremos capaces de transformar nuestra relación con la comida y convertirla en una experiencia sana y satisfactoria.

El mindfulness o consciencia plena, traducido al español, nació como una práctica budista para afrontar el sufrimiento y transformarlo. Posee dos componentes:

  1. Concentración: mantener la atención un tiempo determinado en un objeto sin pensar en nada más.
  2. Comprensión profunda: contemplar con la mayor profundidad posible lo que ocurre sin interferencia de prejuicios o intereses personales.

Uno de los primeros ejercicios que se realizan en el inicio del mindful eating es comerse una pasa o un gajo de mandarina en 20 minutos. La intención es comerlo como si fuera la primera vez que lo hacemos, dejando de lado todos los recuerdos e ideas preconcebidas que tenemos de ese alimento. Primero, analizaremos la forma, textura, color, olor… sin comerlo. Pasados 10 minutos podemos llevarlo a la boca, concentrándonos en masticar muy despacio, saborear, sentirlo en nuestra boca y como a continuación desciende por nuestro esófago.

Es un ejercicio complicado, pero que nos enseña a ser realmente conscientes de lo que ingerimos de forma relajada y tranquila.

Y para terminar, ahí van algunos consejos para introducir el mindful eating en nuestra vida cotidiana:

  • Cada vez que comes, pregúntate para qué vas a comer: ¿tengo hambre?, ¿qué quiero comer?
  • Si te entra hambre, primero bebe agua. Ya que en ocasiones no diferenciamos bien entre el hambre y la sed.
  • Come tranquilamente y saboreando cada bocado.
  • Entre bocado y bocado deja los cubiertos sobre la mesa. Es un hábito que hay que trabajar mucho, pero ayuda a comer más lentamente.
  • Come en un lugar concreto y agradable, sin televisión. Así se es más consciente de lo que se está comiendo.
  • Visualiza tu objetivo. Piensa que todo lo que has logrado en la vida lo has conseguido porque te lo habías propuesto antes. Así que en esta ocasión no debe ser distinto.
  • Observa quién acaba el último de comer y acaba después de él. En cada comida emplea unos 20 minutos como mínimo. Y si comes acompañado, fíjate en quien termina el último, lo más probable es que no tenga sobrepeso.

Recuerda, “cuando comas, sólo come”.

Silvia Castaño

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